En las décadas de las posguerras, pensábamos que el triunfo del capital humano sobre el capital en el sentido tradicional (tierras, inmobiliario y financiero) era un proceso natural e irreversible, debido a la tecnología y a las fuerzas puramente económicas (…) el avance hacia la racionalidad económica y tecnológica no implica forzosamente un progreso hacia la racionalidad democrática meritocracia, pues la tecnología no conoce ni limita mi moral. Le Capital au XXIe siècle, Thomas Piketty, 2013 Es difícil refutar a un prócer como Thomas Piketty, pero estamos en el marco de una tecnología que si está limitando nuestra moral, y nuestra forma en la que encaminamos nuestras obligaciones, muestra de ello son los SmartContracts y el Bitcoin, pues los primeros cumplen la obligación sin necesidad de una autorización más allá de su propio surgimiento y la segunda, la veremos a fondo a continuación. En 2009, un programador de computadoras, trabajando bajo el nombre...
Una mirada del contexto actual desde el análisis jurídico fundamentalista.