Cinco esquinas, Mario Vargas Llosa, 2016
Colombia, un país donde las intenciones de voto no se presentan directamente por el candidato por el que se votó, sino por el odio o miedo que se le tiene al candidato del otro bando.
Cuanto mejor le vaya a Gustavo Petro, más crecerá la votación en contra suya decía Daniel Coronell en su columna de la revista Semana. No hay manera de que cualquier ascenso de Petro no tenga como reacción una subida mayor del voto del miedo que favorece a la derecha. Justa o injustamente, Petro encarna los temores de la mayoría de los votantes colombianos de que el país termine convertido en otra Venezuela.
O quizá, no; he ahí lo interesante y dinámica que es la poltica. Después de la primera vuelta, el revuelo en redes se ha hecho notar, los que votaron por Fajardo quedaron en una dicotomía que se esta resolviendo con un apoyo sesgado nuevamente por el miedo, que no quede el candidato manejado por la mano invisible ya no de la teoría de Adam Smith sino la del gobernante que hasta ahora lleva 16 años en el poder; el miedo a que no quede Duque esta llevando a la ciudadanía a decantarse por Petro, en esa condición ciega y efímera de cambio radicado en su populismo esta el futuro del país.
“Hay muchas más razones para ser optimista que pesimista en América Latina. Cuando yo era joven América Latina era tierra de dictadores. Lo que queda ahora de las dictaduras, como Cuba o Venezuela, está en hilachas, deshaciéndose” dice Vargas Llosa en su libro cinco esquinas, ¿será que en un futuro Colombia este en esta lista?
El impacto del populismo tiene otra victima latinoamericana, pues el poder de convencimiento sobre el ciudadano de a pie basado en promesas sin fundamento e inviables, son el pan de cada día no solo de las absurdas promesas de redistribución de la izquierda, sino también de las prerrogativas económicas basadas en privilegios a la industria para su fortalecimiento de la derecha.
Dicho populismo, se veía venir, pues la cierta pérdida de popularidad del gobierno cuyo mandato, fue por lo menos en sus últimos años, fue legitimo mas no legitimado, por la denominada cesión de poder a los grupos insurgentes y la coyuntura de un comercio desde el contexto de globalizado que conlleva tensiones sociales por la perdida de nivel adquisitivo del peso colombiano frente a los productos.
La polarización ha quedado en evidencia, desde las artimañas populistas del acuerdo de paz, se ha forjado una campaña para dividir el país, el peligro es inminente pues la única opción que nos queda esta decantada por la derecha o por la izquierda, la cual no he querido llamar extrema, pues hay que espera el trasegar gubernamental, pero que sin duda desde ya, se decanta por algo peor a lo que actualmente tenemos.
No hay buena o mala decisión frente al voto, solo hay democracia.

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