Ir al contenido principal

La crítica sin fundamento en Colombia es ridículamente alta

“Colombia es una nación de vocación mediocre. Esto no quiere decir que todos lo sean, pero una vocación así lo hace a uno del montón. Hay una mediocridad institucionalizada: estamos contentos como estamos, aunque no sea suficiente”

Enrique Serrano ¿Por qué fracasa Colombia? (2016)


El título, un símil a la famosa frase del hoy ministro de hacienda Alberto Carrasquilla, que desde una mirada fundamentada y sin la apología al populismo, la cual los medios y las redes quieren trasmitir, termina siendo cierta. 

Si se establece un nivel demasiado alto, los salarios mínimos serán poco respetados y/o tendrán efectos adversos en el empleo, es por ello que un salario mínimo diferenciado, tanto por regiones como por edades, es una de las sugerencias que hace la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)


En Colombia, el salario mínimo representa el 85 % del salario mediano del país, muy por encima del promedio de la OCDE, donde representa cerca del 50 %. Un salario mínimo tan alto en términos relativos excluye de la formalidad a aquellas personas con menores habilidades, cuya productividad es menor a los costos laborales del sector formal. Lo anterior se refleja en la siguiente gráfica. 


El crecimiento anual del salario mínimo debería limitarse a la inflación, para que el aumento de la productividad conduzca a que más personas tengan remuneraciones por encima del mínimo legal.
 

Llegados a este punto usted lector debe estar eufórico, tiene por lo menos en su cabeza la típica premisa de “Es imposible vivir con un mínimo” incluso los más sediciosos dirán “ojalá algún día tenga que vivir con un mínimo, pa que aprenda”, pero en mi derecho constitucional a la defensa, quiero que vuelvan a leer la frase de Enrique Serrano y es que al parecer, estamos contentos con lo que tenemos, aunque sea insuficiente; si el salario mínimo no alcanza para nada, es hora de trascender y hacer un cambio por menos necesario.


De las normas de la Constitución surge el deber del Estado de conservar no sólo el poder adquisitivo del salario, sino de asegurar su incremento teniendo en cuenta la necesidad de asegurar a los trabajadores ingresos acordes con la naturaleza y el valor propio de su trabajo; y es aquí donde el estado debe encaminar a dinamizar su economía, para que el trabajo cada vez tenga más valor, impulsarla es entonces el verdadero deber estatal pues el mero aumento del salario mínimo es cuestión de percepción toda vez que el aumento del salario es de 10 pesos y los productos resultado de una economía en declive suben, esos 10 pesos solo suplen el alza de algunos productos, pero ¿y el resto?. 

Lo quiero explicar desde los principios económicos básicos, las curvas de demanda descendente, significan que la gente desea comprar más de algo en la medida en que se vuelve más barato y menos de algo cuando se torna más caro. Las curvas de oferta ascendente, significan que la gente está dispuesta a hacer más de algo a medida que aumentan las remuneraciones y menos de algo cuando las remuneraciones disminuyen. En los mercados competitivos, los salarios mínimos generan desempleo; mientras atraen a más personas al mercado laboral, reducen la cantidad de empresas deseosas de contratar mano de obra.  

Art Carden profesor en el Departamento de Economía y Negocios del Samford University dice: 

El proceso de mercado pone de manifiesto el valor marginal de una hora de trabajo dada, pero los partidarios de los salarios mínimos suponen que el impersonal proceso de mercado es de alguna manera capaz de cometer injusticias. Esta es una línea de pensamiento desactualizada desde hace siglos. En la Edad Media, los mercados se vieron obstaculizados por la doctrina del “precio justo”, que básicamente sostenía que, en cualquier transacción, había un precio moralmente correcto y otros precios que eran moralmente incorrectos. No existía ninguna teoría convincente de por qué algunos precios eran moralmente correctos y otros no; además, no existía nada que permitiese asegurar que el mecanismo por el cual estos precios eran determinados fuese legítimo. De la misma manera, ¿podemos esperar razonablemente identificar a quienes son bendecidos con la suficiente visión moral como para ser capaces de determinar qué salarios son "justos" y qué salarios son "injustos"?

El ministro Carrasquilla, al parecer no tiene una percepción tan descabellada, pues tiene razón respecto a su ideal sobre el salario mínimo; en la próxima columna, la moción de censura y su alcance desde la carta del 91 ¿debe ser destituido el polémico Carrasquilla?  

Comentarios

Entradas populares de este blog