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Venezuela en aras de una guerra civil por la Asamblea Nacional Constituyente

“Si el estado no es sino una persona moral, cuya vida consiste en la unión de sus miembros, y el más importante de sus cuidados es el de si propia conservación, necesita una fuerza universal y compulsiva de que  mueva y disponga cada parte del modo más conveniente para el todo. De igual modo que la naturaleza otorga a cada hombre un poder absoluto sobre sus miembros, el pacto social otorga al cuerpo político un poder absoluto sobre todos los suyos, y este mismo es el que, dirigido por la voluntad general, lleva el nombre de soberanía.”
El contrato social, Jean-Jacques Rousseau, 1762.









Hay mucho escrito sobre la situación de Venezuela. Es quizá el foco de los principales medios de comunicación, pues dentro de la estructura publicitaria y de marketing, su situación vende. Ese amarillismo al ver a personas maltratadas por parte del Estado y colectivos, su cifra diaria de muertos, especulaciones sobre golpe de estados, la posibilidad que las personas se alcen en armas o al menos un apoyo por parte de las fuerzas militares; dan un completo derrotero de lo que debe generar un medio de comunicación para generar opinión.  Pero ¿cuántas veces se estructura una crítica con fundamento? 
“El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna(…)” Preámbulo, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
¿Cómo es posible que este estado social este así?  A sabiendas que tiene en su constitución con un preámbulo de estos, que desde la principialistica del derecho es plenamente normativo.

“Se Aclara de Oficio la sentencia N° 156 de fecha 29 de marzo de 2017, en lo que respecta al punto 4.4 del dispositivo referido a que la Sala Constitucional garantizará que las competencias parlamentarias sean ejercidas directamente por ésta o por el órgano que ella disponga, para velar por el Estado de Derecho” “Se Aclara de Oficio la sentencia N° 155 de fecha 28 de marzo de 2017, en lo que respecta a la inmunidad parlamentaria. Se suprime dicho contenido. Se suprime la cautelar 5.1.1 de dicho fallo”.
Con pitos y pompones se celebró el anterior 7 de diciembre que la oposición venezolana ganara 112 escaños de la Asamblea Nacional en las elecciones parlamentarias, por lo que al conseguir los dos tercios, la coalición opositora podían aprobar leyes orgánicas, proponer reformas y enmiendas constitucionales y reemplazar a miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el CNE y los otros poderes públicos, pero con la aprobación de órganos que aún están en manos del chavismo. Sin embargo, bajo el pretexto de cumplir con un designio del TSJ, él mismo la destituyo haciéndose cargo no solo del poder judicial sino también legislativo (uno de los pilares para el desarrollo dictatorial). Paradójicamente, la Asamblea Nacional de Venezuela, conformada al arbitrio del tribunal designó, este viernes, a 33 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para el apoyo de la nueva asamblea nacional constituyente.


Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.
Huelga decir, que tiene sentido entonces el “paro cívico activo y huelga general” convocado para este miércoles y jueves. Es que el próximo 30 de julio de 2017 se convocara al pueblo para decidir si se hace o no, una asamblea nacional constituyente que se refiere a la capacidad que  tienen ciertos órganos del Estado para modificar una Constitución existente, pero dentro de los cauces determinados por la Constitución misma. Razón por la que el pueblo “objetivo” tiembla, pues por más que se esté respetando la democracia en pos al artículo 5 de constitución, la alteración de los resultados es casi que probable. El poder electoral, acusado por la oposición de servir al oficialismo, anunció que cerrará los centros de votación donde haya disturbios y que tiene preparados otros actos de contingencia para manejar las situaciones que se puedan presentar. Es claro que el chavismo no va a permitir otra derrota.
Planteado lo anterior, muchas personas me preguntaban, ¿para qué arriesgarse a que el pueblo no acepte la asamblea nacional constituyente? ¿Por qué no llegar al totalitarismo o la dictadura, reformando y ya? La respuesta es elemental. Si sigue los lineamientos de la constitución actual, entes internacionales no podrán intervenir por la violación de derechos fundamentales, sin la presión de estos y sin la veeduría, podrán llevar poco a poco al país a su libre albedrío. Llegando así en un futuro no muy lejano a la anterior unión soviética, un saludo a Maria Fernanda Cabal, o a al actual Cuba.
“En la URSS, la pobreza salta a la vista, sobre todo cuando se abandona Moscú rumbo al campo, donde los campesinos van vestidos como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. En la capital, las penurias son peores que en La Habana y, sin embargo, el modelo soviético es considerado como el más avanzado en el camino de la construcción del socialismo. Es la primera vez que algo similar a la duda se insinúa en mi mente. En mi fuero interno, me interrogo ¿la eficacia del sistema comunista es en verdad superior a la del capitalismo? Y si los soviéticos se encuentran en esta situación tras sesenta y cinco años de revolución, ¿es razonable seguir su ejemplo? Se trata de una duda fugaz, infinitesimal”
Juan Reinaldo Sánchez, La Vie Cache de Fidel.
Ya fue señalado por historiadores y politólogos del siglo pasado que la guerra civil era una consecuencia necesaria e inevitable en todo proceso de cambio que se propusiera instaurar un modelo político y económico inspirado en la escolástica de Marx y Engels. Y se citaba con toda propiedad el caso de la ex-Rusia Soviética que, a meses de tomar los bolcheviques el poder en octubre de 1917, aceptó el desafío que le impusieron los remanentes políticos y militares del zarismo y en dos años. No solo los derrotó en una guerra civil, sino que creó su propio ejército, el poderoso Ejército Rojo y fundó las bases políticas, económicas y sociales de la nueva sociedad que  pasó a llamarse: Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas, URSS.
La China de Mao también rodó, a su manera, por la pendiente de una guerra civil, más política que militar, es cierto, pero quizá por eso las fuerzas que adversaban al “Gran Timonel” pudieron sobrevivir, camuflarse, solaparse y, al final, aplicar la puntilla a una tiranía rural, cruel y rupestre, que, aparte del atraso, provocó en el dragón hambrunas y devastaciones sin precedentes.

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