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Aires de juventud y cambio, cegados por un discurso


Estamos a 12 meses del Bicentenario de la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 2019, y no hemos organizado nada. Parecemos un país que se resiste a enseñar seriamente su historia y que no advierte la necesidad de una comprensión satisfactoria de su pasado para proyectarse al futuro. 
Daniel Mera Villamizar («SOS por el Bicentenario de la Batalla de Boyacá», 2018)

Conmemoramos el Bicentenario del grito de Independencia de 1810 y buscamos la forma para no recordar el proceso político-militar de una década que nos llevó a ser una república independiente con libertades de las que carecíamos.

El día de ayer, mas que un simple día festivo, bastante atravesado, donde se vieron por doquier banderas de esta amada patria llamada Colombia, mas que el desafortunado discurso del presidente del congreso, a sabiendas que el objetivo del nuevo gobierno es desviar las arraigas garras de la polarización;  se daba un trasfondo importante en el marco de la historia de nuestro país, se conmemoró la batalla de Boyacá, que es quizá una de las más importantes gestas militares en las Américas, la cual abrió el camino para sellar definitivamente la independencia de las nuevas naciones hispanoamericanas. Quedaba así castigada la traición del rey Felón, Fernando VII, a los criollos que se habían comprometido en la Constitución de Cadiz a luchar por su liberación de manos de los napoleónicos a cambio de que reconociera la independencia de las colonias americanas, pero guardándole esta lealtad y reconociéndolo como su rey legítimo. Se derrumba así el Imperio Español y se precipita a crisis notables cuyas consecuencias se verían especialmente en el siglo XX.

Después del aparte de historia, es menester resaltar que Iván Duque Márquez se convierte ayer en uno de los mandatarios más joven desde la independencia de España en 1819. El Libertador Simón Bolívar tenía 39 años en 1822, aunque en la batalla de Boyacá, cuando derrotó al general José María Barreiro y llegó triunfante a Bogotá, apenas tenía 36;  Francisco de Paula Santander, que terminó encargado del gobierno porque Bolívar se fue a combatir a Venezuela, asumió la Presidencia a los 27 años.

Ayer casi a forma de símbolo, el viento no dejaba de soplar, quizá el anticipo de los nuevos aires dentro de la casa de Nariño, y no me refiero al exorcismo, sino a un gobierno que entra desde la derecha a cambiar muchas de las cosas que el saliente de centro, que veníamos disfrutando o sufrido hace 8 años; el reto del nuevo gobierno esta enfocado en poder erradicar esa polarización que esta marcando las ultimas épocas a nuestro país, es solo ver las elecciones pasadas o el plebiscito para demostrarlo.  

El discurso de Macías, menuda forma de empezar mal, y es que por simple ética, por mero garbo, este tipo de discursos en contra del presidente saliente, son solo la muestra del gabinete de títulos profesionales y escolares que este señor tiene pegados en la pared; para Macías, los colombianos quedamos empobrecidos pues en sus cálculos está una caída del PIB per cápita del 23% en los últimos años.

Según las cifras de la revista DINERO:

Cuando Uribe recibió la presidencia de la República, el crecimiento anual del PIB per cápita fue de 1,2% y era de $7,2 millones pero tuvo sus altibajos y pasó de un crecimiento de 5,4% en 2007 a uno de apenas 2,3% en 2008 y 0,5% en 2009, con la crisis global.

El expresidente Santos recibió un PIB per cápita que en 2010 creció 2,8% hasta $9,3 millones y con la caída de los precios del petróleo se desaceleró de un incremento de 3,2% en 2014 a uno de 1,9% en 2015 y de 0,8% en 2016 cuando alcanzó los $11,1 millones. Es decir, el PIB per cápita desaceleró su crecimiento, pero en ningún momento se redujo.

Ernesto Macías le dijo públicamente al presidente Duque que recibe “un país, con el empleo debilitado en el marco de una tasa de informalidad del 48%”. Dicha cifra en realidad se mantiene dentro del récord en disminución de la informalidad.

El más reciente informe del Dane reveló que para junio la tasa de colombianos ocupados era de 58,3%, lo que significa que el 9,1% estaban desempleados.

Y dentro de esos empleados, el Dane reportó que para el trimestre móvil marzo-mayo había un total de 48,5% de informales en el país, mientras que en las 13 principales ciudades el indicador era de 47,4%.

“La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado” El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez

Es cierto que el gobierno saliente no deja mucho que desear, pero las pocas cosas rescatables, creo que estaban yendo por buen camino, ojala Juan Manuel Santos se dedique a su nieta o a ser YouTuber, pero que por favor no interfiera en el nuevo gobierno o que si lo va a hacer, mediante todos los mecanismo consagrados por el estatuto de la oposición.

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