“Ahora
que ya estábamos seguros de que el dinero no da la felicidad, descubrimos que
la macroeconomía sí”
David Trueba, Learning
to lose, 2011
Nos tenemos que levantar de la silla,
dar un fuerte aplauso y reconocer que la economía colombiana, aunque está cada
vez peor, no termino tan mal como se esperaba.
A finales de la presidencia de Andrés
Pastrana, las decisiones macroeconómicas se encaminaron a lo que para entonces
el mundo más estaba necesitando, el petróleo; por lo que la inversión en esta área
económica no renovable se hizo a grandes escalas, pues era paupérrima la
infraestructura y se coagulo un inmenso desarrollo en la explotación del crudo.
Aunque las presidencias liberales de Barco,
Gaviria y Samper pasaron desapercibidas por la economía colombiana, pues a
pesar de la fracasada apertura económica del 91, no hubo un desarrollo realmente
importante; es menester resaltar que su inversión a la agricultura se hizo
sostenible, pues el país aún estaba en un feudalismo que permitía satisfacer
las necesidades de los asociados colombianos.
Luego del giro petrolero de Pastrana,
cuando Uribe cogió la presidencia, apoyo e incentivo aún más la economía sosteniéndose
en el crudo; esto genero una degradación cada vez más exponencial de los otros
sectores de la economía, lo que para entonces no se le daba mucha importancia.
La idolatría y la santificación que
han hecho gran parte de los colombianos hacia Álvaro Uribe se da, no por su
impoluta gestión, ni siquiera por su buena administración; el criollo
colombiano simplemente se dejó deslumbrara por el remanente del desarrollo económico
que se vieron durante su presidencia, pues la bonanza petrolera estaba en su
auge y como me mencionaba en mis primeros semestres de administración de
empresas, la profesora Marcia Arcila “Administrar riqueza es muy fácil”; prueba
de lo anterior es que entre el 2002 y el 2011 la producción petrolera creció
cerca de un 58%, los precios más del 300% y los ingresos un 548%. Además, las
exportaciones de crudo llegaron a representar más del 50% del total de las
ventas al exterior y casi el 12% del Producto Interno Bruto (PIB). El creciente
flujo de capital que llegó al país significó una importante fuente de
financiación para el país. Entre estos períodos, la Inversión Extranjera
Directa (IED) representó más del 60% de los pasivos totales de la cuenta
financiera de la balanza de pagos, y dentro de estos, el rubro dirigido al sector
petrolero ascendió al 30%, estadísticas del Grupo Inercia Valor.
El año pasado, por ende, y con la
dependencia que tiene el país hacia el petróleo, se esperaba una caída de la economía
proporcional a la caída del crudo, pero sorprendentemente esto no fue así. ¿Por
qué? Pues le vendimos el alma a los extranjeros pues el flujo de inversión
extranjera para compra de títulos de deuda pública interna creció exorbitantemente;
el país recibió un récord histórico de $21 billones por este concepto, tres
veces lo que entró en 2015 y 2014 ($6,9 billones y $5,7 billones,
respectivamente) como consecuencia, hoy los fondos extranjeros tienen 26% de
los TES y solo son superados por los fondos de pensiones, que tienen 27%.
Lo anterior, lo defino como un beneplácito
taciturno, pues inicialmente se da la noticia con bombos y platillos, personas
como Felipe Campos, gerente de Estrategia e Investigaciones Económicas de
Alianza, consideran que la principal razón por la que la crisis del petróleo no
le pegó más duro a la economía nacional fue el flujo de inversión extranjera
para compra de títulos de deuda pública interna (TES) pero en consecuencia también
genera vulnerabilidad ante el riesgo de que así como llegaron millones de
dólares del exterior para comprar papeles colombianos, se vayan en desbandada,
disparando el costo de la deuda, encareciendo el dólar y, de paso, provocando
una recesión.
David
Ballén, director de Investigaciones Económicas de Casa de Bolsa, dice que el
encarecimiento del dólar se debe a factores internos y externos distintos al
petróleo. En el primer frente, las preocupaciones están en las dudas que ha
generado el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP), que es la hoja de ruta del
Gobierno en la que establece sus estimaciones para cumplir metas de déficit
fiscal. Analistas y economistas temen que dichas metas no se puedan cumplir en
medio de una economía que crece poco y que cada vez necesita más recursos para
diversos temas, entre ellos el posconflicto.
Hay
que resaltar por último que el déficit fiscal, para el 2018 según el ministerio
de hacienda, debe bajar hasta en 30 puntos, cuestión que no ayuda en nada para
los planes del criticado pos-conflicto.
Así
mismo, será más evidente que la suerte de la tasa de cambio y de los mercados
financieros colombianos dependerá cada vez más de lo que pase en el exterior y
de la apuesta de los inversionistas foráneos por el país.
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